Puede que los momentos más importantes de su vida hayan sido celebrados en torno a una cerveza. Esta histórica bebida está tan ligada a nuestra cultura como lo está a la hora del aperitivo, a una reunión entre amigos o a la hora del partido de fútbol.
Para no perder un ápice de su sabor hay que conocer el ritual de su ‘perfect serve’. Es muy típico utilizar una jarra congelada para la cerveza y es un error. Evita que se forme la espuma y en ella están las claves del sabor, el aroma y la cremosidad. Además, la espuma es antioxidante. Una de las claves que potencia el efecto antiedad de esta bebida.
La copa de cristal fino es la mejor opción para degustar la cerveza porque, al sujetarla por la caña, no se calienta el interior. Si es de los que la toman directamente en el porrçon, tenga en cuenta que se puede perder parte del sabor. Y absténgase de utilizar un vaso de tubo. Tirar bien una cerveza también es fundamental para garantizar la intensidad del sabor. Una vez servida en copa o en vaso, se puede agitar como se hace con el vino. Eso de que pierde el gas es un mito.
La cerveza no sólo se marida con una tapa (así se hace en el 85% de los casos). Con los sabores amargos, las carnes a la plancha o el chocolate forma una armonía perfecta. Pero su auténtica media naranja es el queso. Mientras que el fuerte sabor de este producto aniquila el del vino tinto, la cerveza neutraliza bien su grasa y acidez. A medida que los quesos ganan maduración y son más añejos, requieren también de cervezas de mayor grado y cuerpo.
Consejos para cervecear
Temperatura: La lager o ‘rubia’ se toma a una temperatura de 5 grados y las oscuras a 10.
Recipiente: De cristal fino para apreciar el color y en forma de copa para no calentar el líquido.
Sin congelar: Los vasos o copas deben estar fríos, pero no congelados por la capa de hielo desvirtúa el sabor e impide que se forme espuma.
Espuma: La cerveza se sirve con una inclinación de 45º y con dos dedos de espuma.


