El crecimiento sostenido, exponencial, constante y cuanta expresión se les ocurra para describir lo que está sucediendo con la cerveza artesanal fue, es y seguirá siendo reflejado por los medios de cada rincón del país, ya que hace tiempo dejó de ser una moda o tendencia para pasar a ser una realidad sólida, una industria que dinamiza las economías de pueblos, ciudades y regiones. En muchas oportunidades compartimos notas de diarios y portales que dan un pantallazo del movimiento cervecero local y recogen testimonios de los protagonistas.
En esa línea, nos hacemos eco de una excelente nota de Luciana Mangó, de www.elciudadanoweb.com, de la ciudad de Rosario.
Cerveza artesanal: la moda que ya se convirtió en un culto
El auge de la cerveza artesanal de los últimos años se evidencia en la proliferación de bares especializados y de emprendedores que, fanáticos de su peculiar sabor, fabrican y comercializan su propia cerveza. De estilo singular, con un sabor más pronunciado y una textura con mayor densidad, la artesanal se distingue de la comercial por su calidad y por su precio. Con variedades que difieren en cuanto a la graduación alcohólica, el color y la preeminencia de alguno de sus ingredientes, las pintas son las elegidas en una tendencia creciente que se volvió casi un culto.
El Ciudadano dialogó con cuatro fabricantes de cerveza para que cuenten su experiencia, sus inicios y la actualidad de un hobby que poco a poco se convirtió en profesión y sustento.
A prueba y error
Ideada en 2011, Nómada surgió como un proyecto experimental entre cinco amigos aficionados a la cerveza que comenzaron a fabricar la propia en la cocina del departamento de uno de ellos. Según contó Santiago, uno de los hacedores, el primer kit que adquirieron lo compraron en Córdoba, el cual era para 20 litros. “Y salieron 8 litros de un licor que te rompía la cabeza”, dijo entre risas.
A partir de la lectura en internet y de la experimentación con recetas propias, el sabor y la textura de la cerveza se fueron definiendo poco a poco.
Del proyecto inicial quedaron tres socios, Claudio (psicólogo), Juan Pablo (estudiante de arquitectura) y Santiago (biotecnólogo), quienes desde el año pasado sostienen la iniciativa con proyección de continuidad.
De la botella pasaron al barril y después a comercializar en bares. “Empezamos con un barril de 150 litros, y ahora tenemos de 250, 300, 450 y 380 litros. Hoy nos inclinamos más a comercializar barriles a bares, si bien las botellas las queremos conservar, especialmente para vinotecas, ampliamos el mercado con barriles y alquiler de choperas para particulares”, señaló Santiago Comba, quien sostuvo que en la actualidad Nómada se comercializa en cuatro bares pero el propósito es ampliar los puntos de venta.
Provenientes de profesiones distintas, el emprendedor advirtió que el mayor aprendizaje lo obtuvieron de textos en la web y foros, pero sobre todo de la práctica. “La receta es ir probando, siguiendo cierta lógica. Si bien tengo la formación más destinada a lo que es microbiología y química, sin aprender más nada no se puede hacer cerveza. Yo tenía la ventaja de entender lo que estaba leyendo, pero tuve que leer tanto como los demás. Todos sabemos hacer la cerveza y tratamos que todos puedan opinar”, explicó.
Así, fueron experimentando hasta lograr las cuatro variedades actuales: cerveza negra con avena, Ipa (amarga fuertemente lupulada y un tono rojizo), Blonde (rubia, con más cuerpo que una industrial), y Scocht Strong, un nuevo estilo con cerca de un 10 por ciento de alcohol. “La Ipa es la que más nos diferenciaba en un principio, por eso está en todos los bares. Ahora hay más gente que hace Ipa y por eso buscamos la Scocht, para tener algo particular que uno hace. Tenemos ese margen para permitirnos un poco de juego en hacer un estilo nuevo y ver cómo sale”, señaló Santiago.
En cuanto a la accesibilidad para la fabricación, el productor sostuvo que la cerveza es fácil de realizar a nivel hobby. “Tenés que disponer de ganas y espacio. Hay mucha gente comercializando insumos, entonces se puede adquirir un kit y seguir las instrucciones. Cuando pasás a escala industrial requiere una inversión inicial bastante fuerte porque ya no podés fallar, hay que mantener la calidad, el volumen y la reproducibilidad, es decir, la rubia tiene que tener el mismo sabor siempre. Por suerte hoy la gente está tomando y exigiendo más de la cerveza. Es más cara la artesanal, pero la gente lo reconoce, eso para nosotros es importante porque sino no te dan los costos”, aseguró.
Si bien cada vez son más los fabricantes de cerveza artesanal, el rubro conserva la camaradería y generosidad de un grupo de amigos. “Todavía en el mercado nadie se saca los ojos y hay buena onda entre los cerveceros artesanales. Estábamos tratando de formar algo similar a una cámara para lograr descuentos en la compra de insumos. Los barriles son complejos de importar, así que queremos buscar si el Estado puede colaborar, ya que acceder en forma individual es imposible. Dentro de esa camaradería que hay con las otras cervecerías, se pueden gestionar cosas en conjunto que nos ayuden a todos”, concluyó.
Artesanal y alternativa
Como parte de la cooperativa Movimiento Cajonardi, nació hace tres años la cerveza denominada Del Llano. Producida íntegramente en La Toma por un colectivo integrado por seis personas, junto a algunos colaboradores, la particularidad de este producto es que sus ingredientes son orgánicos y provienen del intercambio con otras cooperativas o colectivos autogestivos.
“Uno de los fuertes que tiene este colectivo es la interacción con otros espacios de producción y comercialización cooperativos. Conocíamos formas de producir alternativas y nos interesaba buscar una forma de articulación que llegue a nuestra cerveza. Le compramos a Espacio Sentadito o Poroto Santo un trigo agroecológico y con eso producimos nuestra cerveza de trigo”, señaló Matías, uno de los productores.
Podés ver la nota completa en http://bit.ly/2cvyb1X


