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La cerveza “artesanal” un mercado que se puede expandir en Chile

Nota por Kevin Szot, gerente general de Szot

Después de haber asistido a la “Craft Brewers Conference” en EE.UU quedé con la sensación de que en Chile a pesar de todo no estamos tan mal en cuanto a cervezas se refiere, sin embargo aún hay mucho trabajo por hacer con lo “artesanal”. Para esto debo contextualizar algunos puntos. La cerveza artesanal (craft) empezó alrededor de los años 1970 en EE.UU. Sus cerveceros originarios ya llevan más de 40 años en el negocio y hoy hablan de cómo pasar el negocio a sus hijos o nietos. Según la Brewers Association en EE.UU, existen más de 2.200 cervecerías estadounidenses, lo que corresponde al 6% de las ventas de cerveza en ese país. Hay más de 1.300 cervecerías nuevas en distintas etapas de planificación. El problema radica en la “diferenciación”, pues es un mercado bastante saturado. Tanto así que si no tienes contratos ya establecidos para comprar lúpulo como Cascade, Northern Brewer, Citra u otros, difícilmente podrás adquirirlos, porque simplemente ya no hay disponibilidad.

Las microcervecerías estadounidenses han pasado por distintas etapas tratando de diferenciarse en los últimos años, con IPA’s cada vez más amargas que la competencia, después con cervezas agrias, y ahora han vuelto, aparentemente, a favorecer las cerveceras equilibradas, aunque potentes. La revista All About Beer -edición marzo 2013- señala que esto es muy bueno para el consumidor, pero las nuevas cervecerías se enfrentan con mucha competencia, tanto para el espacio en la góndola como para la participación del shop en los bares, incluso para la distribución y adquisición de equipamiento cervecero. La espera es muy larga para poder adquirir equipos nuevos y casi no existen los usados.

Y, ¿cómo estamos en Chile? Nuestras cervezas locales, las bien hechas, no tienen nada que envidiar a las norteamericanas. Eso lo digo con mucha sinceridad, no sólo pensando en SZOT, sino en otras marcas que han logrado un producto bastante bueno, aún cuando estamos muy lejos de los estadounidenses cuando se trata de control de calidad, uniformidad, sustentabilidad y legalidad. Muchos potenciales consumidores chilenos aún no saben apreciar una buena cerveza artesanal, lo que nos entrega un gran espacio para crecer.

Como cervecerías artesanales podemos aprovechar los conocimientos e hitos del mercado norteamericano. Hay mucha información disponible y esto facilita el desarrollo de las microcervecerías chilenas.

Chile se parece mucho a EE.UU. Una cervecería “artesanal” chilena puede aprovechar los conocimientos e hitos de Estados Unidos. Sería tonto no hacerlo. Sin embargo, las cervecerías grandes también ya lo han hecho. CCU se posicionó con Austral y Kuntsmann (y D’Olbeck), donde tiene un 50%. Concha y Toro es socio de Kross, y  socios de Mitjans están en Mestra. Esto es un tema que también preocupa en EE.UU.: el cómo cervecerías como Anheuser Busch (ABInbev) controlan Blue Moon o Goose Island que es de SABMiller, y no se indica en el etiquetado. Al parecer a nadie le hace ruido que las grandes cervecerías produzcan cervezas no tan masivas. Lo que sí molesta es que las presentan al consumidor como si fuesen cervezas “craft”, cuando en verdad el dueño es una gran filial de producción masiva. Muchas cervecerías “craft” en EE.UU. piden que las “filiales” de AB/Inbev se identifiquen como tal en la etiqueta. Pasa algo parecido en Chile, donde las empresas relacionadas a CCU no se identifican como tal.

Éste es un buen momento para la cerveza en Chile. Existe una selección nunca antes vista en cuanto a marcas y estilos. Cervecerías como Kross y SZOT han ganado múltiples medallas de oro, plata y bronce en concursos internacionales. Somos capaces de hacer cerveza de clase mundial. Nuestra gran tarea hoy es educar al consumidor cervecero, para que no se deje seducir sólo por la cerveza “importada”, roja, verde u otra. Debemos trabajar en la adecuada elaboración de nuestras cervezas y crear cultura en el consumidor. El desafío de las cervecerías pequeñas es contar con un buen control de calidad y consistencia. Nos quedan unos 30 años de trabajo para ponernos a la par de los gringos. Espero que podamos hacerlo en cinco.

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