El príncipe Guillermo-Alejandro, que el martes se convertirá a los 46 años en rey de Holanda, estaba en su juventud considerado como un amante de la noche y la cerveza hasta que demostró estar listo para ser investido monarca, apoyado por su mujer, la argentina Máxima.
Nacido el 27 de abril de 1967, el príncipe será el primer monarca varón tras una dinastía de tres regias mujeres que se ha prolongado más de cien años.
En su juventud tuvo que enfrentar la depresión de su padre, el príncipe Claus, y la severidad y exigencias de su madre, la reina Beatriz, que abdicará a la corona este martes.
Detestaba la prensa, a la que varias veces atacó, y no entendía por qué debía estar constantemente bajo los focos de las cámaras. Para alejarlo de esa presión, sus padres lo enviaron al Atlantic College de Llantwit Major, en Gales, Gran Bretaña.
Pero al parecer el joven príncipe estaba en esos años más interesado en tomar cerveza que en estudiar.
Por eso es que recibió el apodo de “Príncipe pils”, debido a los litros de cerveza que tomaba mientras estudiaba en la Universidad de Leiden (oeste de Holanda).
Según el ex primer ministro Ruud Lubbers, incluso la familia real llegó a dudar de las aptitudes de Guillermo-Alejandro para reinar en una de las monarquías más ricas y caras de Europa.
Pero a partir de 1993, cuando obtiene su diploma en Historia, todo empezó a cambiar. Entró en el Ejército, donde hizo el servicio militar y obtuvo el diploma de piloto en la Fuerza Aérea.
Todo ello llevó recientemente a la reina Beatriz a mostrarse “convencida” de la capacidad y experiencia de su hijo para reinar. “No tengo la menor duda de que el príncipe de Orange está preparado para el papel que le toca desempeñar”, dijo la reina al anunciar su abdicación el 28 de enero.
Para la tarea tiene una gran aliada: su esposa, la argentina Máxima Zorreguieta, quien será la reina consorte de Holanda, uno de los miembros más populares de la Casa de Orange, con la que tuvo tres hijas: Amalia, heredera al trono, Alexia y Ariane.
Guillermo-Alejandro fue uno de los primeros de su generación en Europa que se casó por amor. Pero debió enfrentar varios obstáculos para casarse con Máxima, a quien los holandeses veían con recelo por el pasado de su padre, Jorge Zorreguieta, alto funcionario de la dictadura militar argentina.
Gracias al carisma de Máxima, el príncipe sumó puntos entre la opinión pública.
Su esposa lo describió como un hombre “inteligente, tierno, fuerte, que tiene los pies en la Tierra”.
Los holandeses lo consideran más próximo, humano y progresista que su madre.


