El proyecto nació del impulso de dos hermanos, David y Nadim Khoury, hijos de una familia palestina instalada en Boston. En 1994 vuelven a su pueblo natal para cumplir el sueño de su padre, Canaan, de regresar a su tierra prometida. Y comienzan a producir Taybeh: la única cerveza producida en Palestina, en el pueblo cristiano del mismo nombre, situado en las colinas de Ramala.
A pesar de la situación política de la zona, la empresa se ha hecho un hueco en el mercado regional e incluso internacional, pero no sin esfuerzo. El lúpulo viene de la república Checa y de la región alemana de Baviera, la levadura de Inglaterra y la malta de Francia y Bélgica. Pero lo más difícil es tener acceso al manantial de agua potable de Samia, situado a solo tres kilómetros del pueblo de Taybeh.
“Israel controla esta fuente de aprovisionamiento, aunque se encuentre en territorio palestino”, explica Madees Khoury, hija de Nadim y encargada de la fábrica de cerveza, “a menudo no podemos elaborar la cerveza porque no tenemos acceso al agua”.
A pesar de esta dificultad, la pequeña fábrica de cerveza ha producido 600 mil litros el año pasado, lo que supone el 80 % de su capacidad de producción. Elaboran cinco variedades: negra, rubia, ámbar, blanca (la más “palestina”, con trigo, cilantro y cáscara de naranja de la región) y la “light”, sin alcohol. Esta última, nacida en 2010, está destinada principalmente a los consumidores de las ciudades musulmanas de Nablús, Hebrón, Yenín y Tulkarem.
Las cervezas Taybeh se venden principalmente en Palestina, y el 38 % en Israel, sobre todo en las localidades con una presencia importante de árabes israelíes. El resto se exporta a varios países europeos (Suecia, Dinamarca, Gran Bretaña, Italia, España), Japón y, si todo va bien, a finales de este año llegarán a Estados Unidos, donde la familia todavía tiene un comercio de licores.
Las exportaciones son el otro problema con el que se encuentran los productores palestinos. Los territorios no poseen ni puerto, ni aeropuerto, por lo que tienen que pasar por Israel. “Transportar la cerveza desde Taybeh hasta los puertos israelíes de Ashdod o Haifa nos lleva tres días, debido a los controles, cuando en coche se tarda solo dos horas”, se indigna Madees Khouri. “No es bueno para ni para la cerveza ni desde un punto de vista comercial, y sale caro”.
Pero los problemas a los que se vienen enfrentando no reducen la energía que los creadores de la cerveza mantienen para intentar seguir creciendo. La única buena noticia es que para muchas personas el beber una cerveza Taybeh (que significa “delicioso” en árabe) es un placer en medio de un oasis de locura en el que está inmerso esa parte de nuestro planeta.


