Se trata de la República Checa, lugar que vio nacer una de las cerveza más populares del mundo: la Pilsener. Allí, literalmente, la birra es más barata que el agua.
Otro dato, bien conocido pero que sigue siendo impactante, es que la ingesta de cerveza por habitante es de 161 litros por año, la mayor del mundo. Una de las principales razones: es más barata no sólo que el agua, sino que los refrescos y los jugos.
El precio de una jarra grande de cerveza cuesta menos de un euro, y es que es una costumbre común que en la mayoría de los restaurantes checos no se ofrezca agua a sus clientes, pero un estudio hecho por la casa Veolia señala que la mayoría de los comensales ni siquiera la piden.
Según el mismo estudio, el consumo de agua ha disminuido desde 2005, sobre todo del agua embotellada, pero tampoco es que sean fanáticos del agua de la canilla.
La tradición como país cervecero viene desde que los checos producían la bebida en su casa, así como la sopa diaria.
Los bares tradicionales sirven sólo una marca de cerveza, pero en los últimos años la variedad se ha multiplicado.


