La biotecnóloga Telma Scarpeci, integrante del CIT (Centro de Investigaciones y Transferencia de Villa María perteneciente al CONICET Córdoba) comenzó el desarrollo de una solución a los costos que genera el desecho de los residuos de la producción de la fabricación de la cerveza artesanal.
Los fertilizantes químicos son necesarios para la tierra pero a la vez son objeto de polémica por los nocivos efectos medioambientales que producen. Los pequeños productores lo necesitan y a los productores de cerveza les sobra materia prima que serviría para fertilizar la tierra. Este fue el puntapié que originó el trabajo de investigación que se centra en el desarrollo y producción de un biofertilizante agrícola elaborado a partir de residuos de la cerveza artesanal.
“Cuando cursaba el doctorado, trabajé con plantas viendo cómo respondían a nivel molecular a los diferentes tipos de estrés ambiental, tanto abióticos, sequía o altas temperaturas; como bióticos, los microorganismos que pueden causar enfermedad, ya sea hongos o bacterias. Los mecanismos de defensa de las plantas son similares, entonces lo que hice fue tratar a las plantas con extracto de hongos para que estuvieran preparadas y disminuir los daños que pudieran causarles. Así pensé que podía hacerse con un residuo económico y relacioné el hongo con las levaduras cerveceras, me puse en contacto con los cerveceros rosarinos y me interioricé de la cantidad de residuos que acumulaban”, explica la experta.
“En promedio unas 3 cervecerías generan 6500 kilos de cebada y 2 mil litros de levaduras al mes aproximadamente, que para deshacerse de los deshechos tienen que afrontar gastos y es materia orgánica que no está bien utilizada. Relacioné el hongo con las levaduras cerveceras. En Argentina se sabe muy poco acerca de la energía renovable. Al producir biogás (metano + dióxido de carbono) el residuo que es remanente se puede usar como biofertilizante. Hoy no se usa porque no está chequeado que contenga bacterias que sean patógenas”, resalta la investigadora.


