Una vez pasado el anuncio de la venta al grupo brasileño AmBev, llega el momento de analizar las consecuencias y las perspectivas de la que fue la cerveza de bandera en Argentina.
Por estas horas, cuando la noticia de la venta de Quilmes al grupo brasileño AmBev -socio del belga InBev- yace fría y olvidada, llega el momento del análisis. ¿Qué significa que se haya vendido la empresa cervecera más grande de la Argentina? ¿Qué hay detrás de un negocio que hizo que la cerveza de bandera por antonomasia ahora se ponga la camiseta de Brasil? ¿Qué cambios pueden esperarse tanto en la compañía como en el mercado local?
Los defensores del libre mercado podrán decir que es un movimiento comercial de orden natural, que en todas partes del mundo las multinacionales cerveceras ganan espacio a costa de las compañías locales. Es más, una vez conocida la noticia no se generaron mayores consecuencias mediáticas. Tan sólo rieron de la paradoja de que el sponsor oficial del seleccionado argentino de fútbol ahora sea brasileño.
Pero hay más para analizar, o al menos existen algunas voces que tienen una opinión diferente de lo que los diarios han narrado como una operación de compra-venta común y corriente en el plano de las mega empresas.
Por ese motivo, mundocerveza.com dialogó con Julio Gambina, economista del Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos, quien nos mostró la otra cara de la moneda.
A leer entonces y a sacar conclusiones.
Nada es casual
Según Julio Gambina, para hacer una lectura correcta de la venta de la cervecería Quilmes al grupo AmBev habría que retrotraerse a la década del 70, ya que fue entonces cuando comenzó a generarse la tendencia que culminaría con la transacción de empresas de la talla de YPF, Aerolíneas Argentinas -ambas estatales-, Terrabusi o Havanna. «Esto no es nada nuevo, sino que es parte del proceso de extranjerización de la economía nacional que se viene desarrollando desde los 70», dice el economista.
Además, menciona que para que este tipo de maniobras económicas pudieran tener lugar fue necesario un cambio en el escenario legal local. Argentina habría facilitado las herramientas para que los capitales internacionales desembarcaran libremente, y una de ellas fue la Ley de Inversiones Extranjeras, promulgada en 1993 bajo el número 21.382.
«A los capitales locales muchas veces no les ha quedado otra alternativa más que vender. Y esto de Quilmes es parte de ese mismo proceso«, resalta Gambina, quien más tarde dirá que en algunos casos es una opción cómoda ante el desafío de tener que actualizarse tecnológicamente de manera permanente con el fin de no perder terreno en el mercado.
«Esto que ocurrió con Quilmes ha pasado antes con otros -recuerda-. Por ejemplo, con los vinos Grafigna, que son comercializados bajo la firma de la familia, pero no son más de ellos desde los años 80. Es decir que pasaron 25 años y unos cuantos dueños, pero conservan el nombre. Y muchas veces venden para hacer líquido un activo físico -convertirlo en dinero-, ya que no quieren afrontar el nivel de inversiones que necesitan para seguir el ritmo del desarrollo tecnológico».
Generalmente ese dinero es reinvertido en otras actividades, o bien destinado al mercado especulativo, donde los otrora empresarios no tienen que hacerse tanta mala sangre y obtienen réditos con facilidad.
Por otra parte, Gambina remarca que bien se puede inferir que, a la hora de buscar dinero para afrontar las inversiones tecnológicas necesarias, una empresa del tamaño de Quilmes no debería tener inconvenientes para obtener líneas de crédito en el sistema financiero local o bien en el internacional, «a pesar de que el mercado financiero argentino es pequeño y no existe desde el Estado una política de créditos que alienten a la Industria».
Posibles consecuencias
¿Cuáles serían entonces las principales consecuencias de la venta de la cervecería Quilmes? Es sabido que cerveza en la góndola no faltará, el asunto pasa por otro lado. «Lo más importante es que a partir de ahora las decisiones empresariales se tomarán en el exterior -dice Gambina-. Y no es algo menor tratándose de un producto tan firme en el mercado interno. Generalmente se dice que el objetivo de la empresa es buscar la ganancia, y es cierto, es una verdad esencial. Pero el problema surge cuando el interés pasa exclusivamente por hacer dinero y las decisiones se toman afuera».
O lo que es lo mismo, siendo Quilmes una empresa de capitales argentinos, su política empresarial siempre iba a estar atada a su entorno social, al mercado local, que es adonde se hace fuerte. ¿Qué ocurrirá ahora si se topan con una situación de crisis? Siempre es más sencillo tomar decisiones duras sobre lo que no duele.
Consultado acerca de las consecuencias que la venta puede producir en el plano laboral, Gambina resalta que «todavía es temprano para hacer afirmaciones, pero lo que ocurre normalmente con las fusiones o los cambios de firma es que van acompañados de un proceso de ajuste y reestructuración».
Por último, queda para analizar el plano de lo simbólico, es decir el simple hecho de que la cerveza de los argentinos ahora sea brasileña. «La marca es muy fuerte -comenta Gambina-, está muy metida en la sociedad. Por ejemplo, ocurrió lo mismo con YPF. Se sigue llamando igual, aunque todos sabemos que la dueña es Repsol, pero continúan usando una sigla que significa Yacimientos Petrolíferos Fiscales. Lo que pasa es que la marca genera fidelidad entre la gente, por eso apelan a la estrategia de manetener los viejos nombres». Aunque, es sabido, detrás de ellos ya no está la misma gente.