Así es como se conoce a la cocina belga en el panorama internacional. Una cocina que en la parte flamenca del país presume de saber mezclar tradición y vanguardia y de estar anclada en una sólida multiculturalidad. La gastronomía de esta región ha conseguido sumarse a la lista de sus atributos que han hecho y hacen de ella una opción para el turismo y un filón para la economía.
Y es que a la artesanía, el diseño, los diamantes o la moda se une con fuerza desde hace años el atractivo cervecero de Lovaina, el empeño vegetariano de Gante, ciudad que vio nacer a Carlos I de España y V de Alemania, y el savoir faire de los maestros chocolateros de Brujas.
Y todo ello con Bruselas, capital del país y de la Unión Europea, como elemento catalizador… y enriquecedor gracias a sus mundialmente conocidos moules frittes (mejillones con patatas fritas), bombones o endivias.
Una oferta que tanto las ciudades como la región de Flandes han querido enriquecer con eventos que ponen de relieve el atractivo de cada una de ellas. Así, por ejemplo, Lovaina, que aspira a convertirse en la capital de la cerveza, cuenta con el Zythos beer festival. Un evento que se celebró el último fin de semana del pasado abril y que volvió a reunir a miles de amantes de esta bebida, tan unida en Bélgica a la gastronomía nacional y a Lovaina desde la Edad Media.
La tradición cervecera de esta ciudad flamenca es centenaria ya que antes de convertirse en un oficio organizado, la elaboración de la cerveza en Lovaina era casera. Hoy, la ciudad es conocida en el mundo entero por albergar la fábrica de Stella Artois, cuya cerveza, que tan bien supo inmortalizar Danny Boyle en Trainspotting, ya ha llegado a 80 países, por el festival cervecero y por disponer de la barra más larga del mundo, ubicada en el Oude Markt (la plaza del mercado) de la ciudad.
La barra más larga del mundo
Una barra que ha recibido este nombre por la cantidad de establecimientos hosteleros que abarrotan la plaza (a parte de una escuela superior, sede de la KU Leuven, y dos farmacias, todos los edificios están acondicionados como cafés o restaurantes) en los que siempre hay decenas de cervezas entre las que elegir.
Su consumo es tal que en Lovaina cada habitante bebe una media de 90 litros de cerveza al año (en España, por ejemplo la media no es ni la mitad de esa cifra). Con un culto como éste, hasta en la universidad hay una sección que se llama Estudios Cerveceros para formar a expertos en esta disciplina. Cada cerveza belga tiene un vaso específico para beberla y hasta un gesto para ser pedida.


