Hace más de 12 años, más precisamente el 5 de Octubre del 2006, participábamos de la inauguración de Antares Palermo, el primer local de la marca en CABA, como el único medio dedicado al periodismo cervecero. Y al día siguiente publicábamos la correspondiente nota bajo el título «Antares, un sueño cumplido» (https://bit.ly/2D600sy).
Luego de esa ocasión especial fueron varias las oportunidades en las que disfrutamos de sus cervezas, de presentaciones de nuevos estilos, de aniversarios. Pero la semana pasada, porque siempre es bueno darse una vuelta, estuvimos nuevamente visitando y disfrutando de excelentes cervezas y gran gastronomía en Antares Palermo.
Desde el primer minuto cuando nos recibió Francisco Fuster, encargado del local, hasta el saludo de despedida, la sensación que sobrevoló nuestro encuentro, la charla, fue la de plenitud, de disfrute, de sentirnos cómodos.
Y todo se basa en algo que queda visiblemente plasmado, tal como lo explica Francisco al destacar que “tenemos una capacitación constante, tanto del personal como de nosotros que estamos a cargo”. Y añade: “Una vez al mes, como mínimo, le proponemos a los chicos probar las cervezas, se les explica cómo es cada estilo, qué características tienen, como las tienen que ofrecer”.
Todo el personal de servicio no sólo es amable al recibir un pedido sino que evidencia la mencionada capacitación, queda claro que saben qué están ofreciendo en la carta. “El éxito nuestro se basa en el servicio y en la calidad de la cerveza. Todas son de 8 puntos para arriba. Y a eso, como dije, hay que sumarle la preocupación por brindar un gran servicio”, resalta el responsable del local. Y en la misma línea amplía: “La atención y el hecho de que el producto es nuestro, que no somos multimarca, es algo que hace la diferencia. Sabemos qué vendemos, que la IPA, por ejemplo, siempre será igual. Y eso nos permite fidelizar clientes. Es una herramienta muy importante”.
Francisco recalca que “la idea es que la gente se sienta cómoda, como si fuera su segundo hogar, como a mí me hacían sentir en el local de la calle Córdoba en Mar del Plata (el primero de la marca inaugurado en 1998). Que lo sientan como un lugar de pertenencia. La idea es motivar al personal, que siempre atiendan bien”.
Además, enfatiza que “tenemos un equilibrio justo entre calidad y precio. La gente sabe que acá puede venir cualquiera, que no es exclusivo y que no es caro. Por ejemplo, domingo, lunes y martes tenemos happy hour en barra de 18 a 24 horas. Siempre nos adaptamos a los tiempos que corren”.
Respecto a la diversidad de clientes, Fuster comenta que “tenemos mucho público de 20 a 40 años pero también es importante el número de gente de más de 40 y hasta alrededor de los 60 años. Y recibimos a muchos extranjeros. Un 30 por ciento son extranjeros”.
Una historia ligada a Antares
Suele hablarse de ponerse la camiseta y, sin lugar a dudas, Francisco la tiene tatuada, adosada a su piel. Por cuestiones del destino, cosas del azar y por interés particular, con idas y vueltas, su historia está ligada a Antares. Así lo cuenta en primera persona:
“Nací en Caballito y a los 4 años nos fuimos a vivir a Mar del Plata. Mi viejo empezó a trabajar en la Municipalidad y estuvo en el equipo de gente que ayudó a que Antares abra el primer local en Mar del Plata, en la calle Córdoba, en el año ’98. Yo tenía 13 años y mis viejos me llevaron a esa inauguración. Mi viejo se encargaba de control de higiene o algo así del municipio. Por eso puedo decir que ví el nacimiento de la marca”.
“Luego hice mi camino en la gastronomía, trabajé en el Casino de Mar del Plata bastante tiempo y ahí también tuve relación con Antares porque nuestro lugar de encuentro, el del personal, era Antares. Así me fui haciendo seguidor de la marca, dejé de tomar otras bebidas como fernet, whisky y sólo tomaba cerveza”.
“Me fui a vivir al exterior y cuando regresé me entero que estaba por abrir Antares Caballito. Mandé un mail, no me contestan. Mandé otro y tampoco. El tercero tampoco. Y en el séptimo intento me responden que si tengo tantas ganas de laburar ahí que me presente. Fui un día antes de la inauguración a trabajar y al otro día se hizo la apertura. Fue todo el 2016. Era una franquicia a cargo de Alejandro, quien hoy también está gerenciando este local en Palermo. Tuvimos récord de ventas por una manera de trabajar que no era habitual, muy estricta, ardua, y con un trato excelente por parte de la empresa hacia nosotros”.
“En 2017 me fui a vivir a México con mi mujer porque me salió una buena oportunidad. Ahí trabajé con un canadiense que tenía una fábrica en Playa del Carmen que se llamaba Punto Maya. Luego nos fuimos a Guanajuato y ahí trabajé para dos cervecerías. Al tiempo con mi mujer consideramos que era un ciclo cumplido y nos volvimos. Volví a trabajar con Alejandro en Antares Caballito, todo el año pasado, y otra vez logramos buenos resultados. Le proponen hacerse cargo de este local para que trabajemos como lo hacíamos en Caballito y ahora estoy acá…desde hace algunos días nada más”.
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Charlamos también con uno de los integrantes del equipo y esto nos decía:






