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De despedidos a maestros cerveceros

Juanjo Carro Roldán (Pamplona, 20-7-72), de 37 años de edad, trabajó los últimos 17 en una máquina de control numérico; Josu Taniñe Alzórriz (Etxauri 9-1-66), de 43, pasó 24 analizando muestras en su puesto de técnico de laboratorio y Juan Antonio Rodríguez (Dinan, Francia, 10-10-74), de 35, se encargó durante los últimos 17 años de reparar circuitos como electricista.

2009110502384477_640Sufrir un ERE (Expediente de Regulación de Empleo) primero y engrosar después las listas del paro, tener que mantener una familia o pagar la cuota de la hipoteca cada mes no es lo único que compartían en ese momento los tres protagonistas de esta historia. A estos tres empleados de Koxka, dedicada a fabricar accesorios de aire, les unía desde hacía años la pasión por la cerveza. «Con el ERE no termina la vida», dice Juanjo Carro. En su caso, con el ERE comenzó una oportunidad: la de ser empresarios de la cerveza.

Cuando suena el despertador se siguen levantando para ir al polígono de Landaben, pero en vez de fichar en su antiguo puesto de trabajo, aparcan enfrente de Naparbier (cerveza de Navarra), la cooperativa que han creado con la ayuda de la Asociación Navarra de Empresas Laborales (Anel), y que justo queda a un par de manzanas de Koxka.

Su trabajo consiste ahora en fabricar cerveza de manera artesanal para distribuirla en cervecerías de Pamplona y su Cuenca. «Hace unos 4 años, en 2005, empezamos a fabricarla de manera casera en mi casa de Ororbia. Nos llevó un año montar todo lo necesario y probábamos a hacer unos 50 litros para nosotros. Sinceramente, la primera vez fue un desastre, pero a través de Internet contactamos con un maestro cervecero alemán que nos aconsejaba cómo podíamos mejorarla», relata Juan Antonio Rodríguez. Y sus sugerencias funcionaron.

La voz corrió entre sus amigos y el medio centenar de litros que elaboraban empezaron a quedarse escasos en apenas un par de semanas: «Fueron nuestros amigos los que nos animaban a montar una empresa. La cerveza que hacíamos les gustaba. Pero no nos decidíamos a dar el paso definitivo», dice Juanjo Carro. El ERE, tal y como recuerda Josu, fue lo que les obligó a decidirse.

Del buzo a la bata blanca

El proceso para convertirse en unos auténticos maestros cerveceros comenzó de la mano de Álex Schmid, un empresario cervecero alemán asentado en Madrid, y con el que ya habían contactado antes a través de la Red. Con él pasó un par de días Juan Antonio para conocer los secretos de la elaboración de esta bebida. La fase de aprendizaje continuó en Alemania, donde visitaron empresas parecidas a las que pensaban constituir. Y antes de emprender el negocio y convertirse en sus propios jefes no faltó una investigación de mercado: «Con la cerveza que ya habíamos elaborado, y después de fijar un precio, visitamos varias cervecerías para consultar si les gustaba nuestro producto y si estarían dispuestos a comprarlo», cuenta Juanjo Carro, que ahora ejerce las veces de comercial. Su producto funcionó. «En este proceso nos dimos cuenta de que es una necesidad que hasta ahora no habían podido satisfacer. Importar cerveza casera les resultaba demasiado caro».

Gracias a la indemnización que recibieron tras el despido, y con una inversión total de 220.000 euros, se lanzaron a la aventura: «No te olvides de poner que estamos muy agradecidos a nuestras mujeres, que nos han apoyado tanto en todo», dice Juan Antonio. «Y también, a los compañeros de trabajo que nos han ayudado a montar todo», añade Carro. «Si en un futuro necesitamos empleados, ya sabemos a quien contrataremos. Serán nuestros ex-compañeros de Koxka».

Fuente: Diario de Navarra

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