En todo viaje suceden cosas fuera de programa. Son esos momentos graciosos, difíciles, desorientadores y otros calificativos, que luego serán anécdotas, pero que mientras suceden parecen eternos. El camino de mundocerveza.com hacia Villa General Belgrano tuvo algunos condimentos que hicieron peligrar la presencia de nuestros enviados especiales a la Oktoberfest, la tradicional Fiesta Nacional de la Cerveza.
Mini crónica de viaje
No es para hacerse los héroes, pero nuestros muchachos arrancaron el viernes a las 7 de la mañana de Capital Federal en medio de una caída torrencial de lluvia, con un pronóstico extendido que aseguraba lluvia, tormentas y demases en la zona de destino: El Valle de Calamuchita.
Las radios daban cuenta de un trágico accidente en la Panamericana entre tres autos, uno de ellos incendiados y como consecuencia, siempre menor a la pérdida de una o más vidas, los carriles hacia la zona Norte por donde debían pasar estaban reducidps. Menos espacio, mucho agua cayendo da como resultado un dolor de h… para poder salir y comenzar el viaje de verdad.
Vicisitudes de la gran ciudad superada, acelerador pidiendo que no lo aprieten tanto, buena velocidad, su ruta. Durante trescientos cincuenta kilómetros todo funcionó a la perfección hasta que sucedió lo insólito (dicen que la información circuló, pero la ignorancia del equipo de mundocerveza, de muchas cosas, y de esa noticia también, hizo que la sorpresa fuera mayúscula).
Al llegar a Carcarañá, en Santa Fé, se detuvieron para desayunar, ir a hacer lo primero y/o lo segundo y cargar combustible no se pudo cumplir con uno de los puntos. Café con leche había, medialunas también, baños tenían, combustible… bien gracias. Las estaciones de servicio de Córdoba y Santa Fé estaban de paro y el expendio suspendido hasta la medianoche de ese viernes.
Caras desorientadas, insultos (queda mal decir que puteaban a la hermana y un poco menos a la madre de los empleados por una cuestión de cercanía con el Día de la Madre el domingo inmediato siguiente) de una decena de automovilistas sorprendidos. Había que encontrar una solución. El tanque pedía a gritos renovación de fluido, la decisión debía ser precisa.
Primera medida: recorrer un par de estaciones de servicio más, luego ir a rogarle a camioneros, llegar a la comisaría a pedir auxilio, tirarse un lance con el corralón municipal y luego ponerse a llorar a moco tendido. Algunas de esas cosas sucedieron (gracias a los policías de Carcarañá por su esfuerzo para ayudar. Esto es así, no hay ironía.) y otras no, porque llegó el milagro.
Cuando todo indicaba que había que acampar en esa ciudad, hubo un último intento por lograr el milagro, apareció el fantasma de Víctor Sueiro en los surtidores y uno de ellos comenzó a despachar. Recuperación de la respiración y latido de corazón por debajo de las 200 pulsaciones de por medio, cargaron combustible y regresaron a la ruta.
El camino no es sencillo para aquellos que nunca viajaron a Villa General Belgrano o lo hicieron en una sola ocasión, pero mucho menos para dos p……. que no llevaron ni un mapa.
Consecuencia: En cada cruce de ruta aparecían todas las dudas, se tomaba el rumbo equivocado, etc., etc., etc.
Finalmente se llegó a la zona en donde el paisaje comienza a hacer olvidar lo sucedido y el disfrute de la belleza natural de las serranías cordobesas se transforma en el protagonista excluyente.
Aunque en rigor de verdad, más allá de lo extraordinario de las montañas, los valles y el verde, ¡¿quién carajo se encarga de poner, o no poner, un cartelito que indique para dónde es y a cuántos kilómetros está Villa general Belgrano? Aunque en realidad es injusto ser tan categórico: A 13 kilómetros hay un cartel despintado que está detrás de una ramas de un árbol que indica el destino y cuando llegás a la ciudad hay otro. Gracias, muchas gracias a quien corresponda, por orientarnos en el camino. Por pensar en quienes viajan y quizás en la reputa vida pasaron por esos lugares.
La ciudad
La llegada fue de noche, un clima que amenazaba con lluvia luego de ¡SEIS MESES SIN LLOVER! Nuestros enviados no tenían alojamiento reservado por diversos motivos, uno de ellos por lo que ustedes al leer esto seguramente imaginarán.
Fueron a la Dirección de Turismo, los atendieron como a personas (nadie notó la diferencia) y buscaron lo mejor para ellos en relación a la posibilidad de gastos, es decir, lugares de media estrella o a cielo abierto.
Consiguieron algo parecido a lo buscado, fueron a acordar con los propietarios el costo y las condiciones, el dueño los trató de manera especial: Dijo: “Si les gusta bien y si no busquen otra cosa. Yo estoy haciendo un asado y no quiero que se me queme. Así que decidansé rápido o me voy”.
Ante tanta comprensión y cordialidad, decidieron instalarse (in)cómodamente en el lugar. Pero como en mundocerveza.com no somos buchones y sabemos que estas cosas suelen suceder no vamos a decir que quienes fueron “tan amables” es la familia que regentea Pozo Verde y un par de cabañitas cualunques a la vera de la ruta 5, en el kilómetro 77. Recomendado para masoquistas y/o para aquellos que la vida les sonríe a carcajadas y quieren saber lo que es ser destratados.
Ah, a la noche se largó a llover con unas ganas bárbaras de que Noé desempolvara su canoa. Sin embargo, la máxima que indica que “siempre que llovió paró” se cumplió una vez más y el sábado amaneció a pleno sol. Un día espléndido.
La Fiesta
La escena se repite año a tras año en la Oktoberfest. Y la 43º edición de la Fiesta Nacional de la Cerveza no fue la excepción: Gente en la calle y en las veredas que comienza bebiendo, sigue tomando, continúa chupando y termina mamándose. Familias que disfrutan de la alegría reinante, buscan estacionar en los límites de la provincia de Córdoba por la escasez de lugares disponibles, esquivan borrachos y llegan a colmar los sitios gastronómicos de la ciudad.
La oferta de cerveza en las afueras del Parque Cervecero es tan abundante en litros como adentro del Predio. En lo único que varía “un poquito” es en la variedad. Y ese “un poquito” refleja la realidad. En el complejo donde se desarrolla la fiesta existen doce marcas, diez artesanales (Antares, Viejo Navio, Valle de Calamuchita, Colonia, Cassaro, Baires, Valle de Punilla, Pehuen, Brunnen y Viejo Munich)y dos industriales (Isenbeck y Warsteiner).
La gastronomía es variada afuera y adentro y los precios sufren la inflación lógica de un evento de esa envergadura.
Más allá del estado de excitación permanente de quienes disfrutan de la fiesta, algo para destacar es el nivel de los espectáculos que desfilan incesantemente en el enorme escenario montado para tal fin. Diversas colectividades muestran sus coloridas vestimentas, sus danzas, su música típica.
Cada presentación provoca el aplauso de aprobación de decenas de espectadores sentados enfrente del escenario, pero todo se descontrola en dos momentos puntuales: Cada vez que suena el tema “Barrilito de Cerveza” y cuando se produce alguno de los múltiples espiches (pinchadura de barrilles de cerveza y lluvia del elixir sobre vasos y cuerpo de medio centenar de beodos o con intención de serlo que pugnan por recibir de “arriba”, literalmente, al menos un sorbito de ese momento especial).
La capacidad de sorpresa del ser humano (y de nuestros enviados también) parece ser ilimitada: Cuando actuó el grupo de música SAPA (banda de música y danza tradicional escocesa), y sobre el final ejecuto la Marcha de San Lorenzo, se armó el baile. Está bien, es cierto, no parecía una Rave o Creamfields, pero… ¡bailar alocadamente con la Marcha de San Lorenzo!… es cosa de borrachos (orgullosos borrachos).
Latas, botellas, tonelitos, gorros expendedores, mangueras, vasos, copones, jarros y todo lo que puede servir de continente de cerveza es utilizado dentro y fuera del Parque Cervecero. Gorros, banderas, vinchas…y muchachos con polleras escocesas, pelucas, vestidos como el mítico Olaf, tiroleses convencidos y los truchos simpáticos… Todo vale en la tradicional fiesta de veneración a la diosa cerveza. Aunque es bueno aclarar que ese todo vale parece contar con una especie de autorregulación: El sólo hecho de pensar en miles de beodos, borrachos, empedados y los demás sinónimos conviviendo en un Predio de tres manzanas o en las callecitas de la Villa, con un andar errante (le erran hasta al piso con el pedalín que tienen), podrían ocasionar disturbios varios o roturas de locales, stands, tachos de basura, autos, entre otras cosas. Sin embargo, es admirable la paz que existe en ese sentido y la casi inexistencia de peleas. Un gran punto a favor de la Oktoberfest.
Sabor amargo…y no es del lúpulo
Al presenciar la Fiesta de la Cerveza no queda lugar para la duda. La organización es enorme y los recursos humanos y económicos puestos para que
todo funcione de la mejor manera son extraordinarios. Pero, siempre hay peros.
Y esta vez parecen masificados.
Una de las quejas es con respecto al precio de las entradas: el año pasado era de 12 pesos y en esta edición trepo a los 20 pesos. El enojo tiene como argumento coincidente el hecho de que ese precio no les permite consumir lo que hubiesen deseado o les significa un esfuerzo extra demasiado elevado.
Entre las voces que más se hacen escuchar están la de los dueños de varias cerveceras artesanales. La bronca apunta directamente a la organización debido a que aseguran que las reglas no fueron claras desde el mismo momento de la licitación de los espacios y siguen sin serlo casi sobre el final de la fiesta.
Entre los puntos conflictivos se pueden mencionar: En el llamado a licitación se habló de que los puestos a cubrir por las artesanales eran seis y finalmente ingresaron diez; el costo de los pliegos se incrementó en más del cincuenta por ciento; el costo de las entradas merma el consumo en el Parque; el regalo de un vaso con el costo de la entrada hizo que afectara la venta de vasos y jarros de los expositores; hubo una exigencia de techos a dos aguas para los puestos que algunos no cumplieron y no hubo sanciones; se habla de privilegios de lugares, ya que una cervecería está en el lugar de gastronomía a pesar de que el reglamento no lo permite; y la queja que engloba a todas es que ante el reclamo de los afectados la respuesta es con evasivas, con el pase de pelota y las soluciones o respuestas jamás llegan.
Un grupo de cerveceros y ocasionales consumidores se animaron a definir a la actual Oktoberfest como una fiesta CON cerveza y no una Fiesta DE la Cerveza.
En toda organización siempre hay que pulir errores, pero cuesta creer que algo tan tradicional y ensayado durante años se escapen cuestiones tan elementales como la consideración a quienes son parte esencial de la Fiesta: los cerveceros.
Queridos ebrios precursores, estamos por irnos para la famosa Oktoberfest, pero nos flata un pequeño detalle: hace 2 años el costo de la entrada incluía 2 litros de cerveza; este año, incluye algo más que un vaso? Ese vaso tiene birra adentro?
Muchas Gracias
La alternativa perfecta para el Oktoberfest: “Das Wiesnzelt am Stiglmaierplatz”!
Situado el famosa “Löwenbräukeller”, “Das Wieszelt” tiene un ambiente como el Oktoberfest desde una banda estupenda a la bierra y comida tradicional!
Lo mejor es que “Das Wiesnzelt” no tiene que cerrar a las once como las otras tiendas. Por eso la fiesta continua toda la noche con la banda bávara y el DJ en la “After Oktoberfest Party”.
Reserva billetes y tables para seis o diez personas hoy on-line a http://www.daswiesnzelt.de!