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Cervezas de autor en Vermont

Hasta 1989, los efectos de la prohibición habían hecho estragos en el negocio de la cerveza artesanal en los USA. Prácticamente desaparecieron las pequeñas productoras y apenas si quedaron las grandes empresas de Milwaukee que coparon el mercado con su cerveza lager. Y de las Ale, tan solo la Pabst se comercializaba con más o menos fortuna. Pero en los años de los yuppies y lo que vino después, surgió una generación de consumidores que tras probar las cervezas europeas, buscaban algo más: gente que había desarrollado el gusto y querían algo mejor. Y fue así como un visionario, Greg Noonan, abanderó la cruzada por la cerveza artesanal de calidad que iba a cambiar los hábitos de consumo de un Estado, y con el tiempo de una Nación.

La Vermont Pub Brewery fue fundada por Greg Noohan en 1989 -a poco de haber publicado su primer libro Brewing Lager Beer- tras un dura campaña de lobby para conseguir que se aceptara el concepto de bar productor de su propia cerveza, y aplicando ese dicho tan común en los USA de «poner el dinero donde está tu boca».

El coqueto local estaba dominado por un par de cubas de acero inoxidable y decorado con los motivos de la agricultura artesanal que su dueño había acumulado desde que en 1977 descubriera en un zaguán botellas de cerveza de tiempos de la prohibición y constatara que ya no se hacía nada ni tan bueno, ni remotamente parecido en los USA. Al principio servían apenas cervezas Pale Ale o Indian Ale de estilo escoces, de buena malta y buen sabor. Tardó un par de años en consolidarse, pero en 1991 lo que él había iniciado empezó a calar entre otros pequeños productores , y con él comenzaba el movimiento sísmico que iba a hacer del Estado de Vermont una meca para los bebedores de Real Ale artesanal, en todas sus variantes y formas.

13 años después, la Vermont Pub Brewery sigue existiendo: donde antes producía un par de tipos de cerveza artesanal, ahora presenta una carta con más de 20, y cada semana presenta un nuevo estilo. Pero ya no es la mejor de las cervecerías de Burlington. Muerto su fundador en 2009 , la magia ha pasado a otros locales, como The Farmhouse Tap and Grill, y se ha extendido por otras ciudades del Estado. Nacieron nuevas cerveceras artesanales, hasta llegar a las 29 actuales. Si Vermont era conocido antes por la calidad de los productos lácteos -es el hogar de los famosos helados Ben and Jerry´s, y es el Estado con más variedad de quesos de Estados Unidos- ahora puede jactarse de ofrecer algunas de las mejores cervezas del mundo.

El culto a la cerveza ha llegado a un punto tal que se puede hablar de auténtico fanatismo. Uno de los mejores productores, Shaun Hill, dueño de Hill Farmstead Brewery (Greensboro, Vermont) y que produce alguna de las mejores Pale Ale y Brown Ale que he probado en mi vida, se definió en su juventud como un «fascista de la cerveza», aunque yo creo que quería decir, «talibán cervecero». Shaun Hill creo su Cervecera en las tierras de sus antepasados, y le dio el nombre de sus abuelos y bisabuelos a los distintos tipos que fabrica . Tras trabajar varios años en Dinamarca, donde inventó unas cuantas combinaciones de premio, volvió a su tierra, suavizó el discurso y ahora hace una cerveza de temporada, que no se embotella ni se exporta utilizando lúpulos locales y combinaciones de malta (en algunos casos, mezclada con café de Guatemala). Por supuesto, el agua es de su pozo. Porque en esto de la cerveza, los de Vermont parecen vascos, con lo del terruño.

Algo parecido pasa con The Alchemist.(Waterbury, Vermont): John Kimmick aprendió con Noolan y cuando se independizó montó un pub en Waterbury donde ofrecía su propia cerveza de producción artesanal, la Heddy Topper. Pronto descubrió que los clientes se las ingeniaban para llevarse a casa, en cualquier tipo de recipiente, la cerveza que él servía en la barra. Decidió embotellarla en 2011 y este año la revista Beer Advocate la eligió mejor cerveza del mundo. Pero sigue siendo difícil de catar, apenas fabrica 1200 barriles y tiene lista de espera.

Más fáciles de encontrar que las dos anteriores y casi tan buenas son las que fabrica Otter Creek Beer en el coqueto pueblo de Middlebury, hogar de una de las universidades más valoradas de Estados Unidos y de la mejor Facultad de Español del país, donde no resulta extraño tropezarse con algunos de los académicos, intelectuales y literatos más prestigiosos de nuestra lengua degustando cerveza en alguno de los pubs del lugar. La Otter Creek Black IPA o la Organic IPA no han bajado ni un ápice de calidad pese a ser comprada este año por otra cervecera, la Long Trail, que hace buenas, pero no tanto, cervezas, y vende más. La ventaja es que ahora la Otter Creek embotellada esta mejor distribuida. Aunque nada como beberla recién servida del grifo, con su tiempo de reposo. Siguen fabricándola con productos orgánicos de las granjas de los alrededores y ya se cuidan bien de que así sea, o se la montan gorda los agricultores de la zona.

Accesible resulta también la para mi mejor entre las más comerciales, la Switchback Ale. Es preciosa verla en vaso, con sus tonos ambar rojizos, y un sabor suave y refrescante que se queda dulce en el paladar. Es el producto de la combinación de cinco maltas diferentes y dos tipos de lúpulo. No la filtran y es difícil resistirse a repetir vaso. La empresa Switchblack fue creada en 2002, y tan solo embotellan desde el año pasado, el resultado de un éxito sin precedentes entre los consumidores locales: una cerveza que ya ha cruzado fronteras.

Variedad de lúpulos que crecen en el propio estado, agua de pozos o de los ríos de montaña, malta seleccionada, levaduras de altísima calidad, productos locales, salvo escasas excepciones, procesos tradicionales, barriles de bourbon, creatividad sin límite y una obsesión por la calidad, son los secretos de estas cervezas que se encuentran en cada vez más pubs y restaurantes. Muchos fabricantes sacan productos estacionales, habiendo cervezas distintas para cada época del año. Complemento estupendo para las magníficas carnes que se pueden encontrar en la zona, o refrescante entretenimiento mientras se disfruta de buena música, la cerveza de Vermont merece en si misma un buen recorrido turístico por una de las regiones más hermosas de los Estados Unidos.

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