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La cerveza y sus rarezas

De cómo el Siglo XXI ha venido a rodear a la vieja cerveza con una serie de inventos electrónicos e insospechadas materias primas que ponen todo patas para arriba.

Hubo un tiempo en el que creímos que una cerveza era una cosa simple, algo sencillo. Una bebida que se compraba en el almacén o en el supermercado, fabricada vaya uno a saber dónde y por quiénes.
Días en los que sólo se trataba de destaparla y beberla, que lo demás no importa. Pero fue cuando comenzamos a adentrarnos en los pastizales cerveceros -cada uno lo habrá hecho a su manera y por motivos diversos, las experiencias son intransferibles- que advertimos lo complejo de la situación.

Es decir que el campo de la cerveza da para todo, y que hay de todo en el lupular del Señor. Aquel mundo sencillo se vino abajo escombro por escombro cuando conocimos el proceso de elaboración de las compañías cerveceras, la pasión de los cerveceros artesanales y la constancia de los coleccionistas. Frente a una mujer que tiene en su poder 13.000 posavasos o un hombre que ya ostenta 55.000 tapitas corona, no hay simpleza posible.

Pero es en el plano de la tecnología y los inventos donde los ojos se hacen redondos, llenos de sorpresa. Y, paradójicamente, cuanto más avanza la ciencia en su afán por automatizar los procesos de producción y controlar la calidad de la cerveza hasta el último sorbo, más surgen desde otros sectores voces que anuncian la fabricación con métodos tan exitosos como primitivos.

Por ejemplo, frente a la alta ingeniería se plantó el sacerdote alemán Michael Fey, quien logró hacer su propia cerveza en un lavarropas adaptado. En la ciudad de Duisburg, donde reside, elabora 40 litros por día, suficiente para los amigos, cuenta.

Estados Unidos, un verdadero estandarte del hágalo usted mismo y no se complique la vida nos presenta bajo el nombre de Beer Machine, o máquina de cerveza, un artefacto que le permite al propietario fabricar su cerveza de manera tan sencilla como si preparara un jugo instantáneo. Se trata de un pequeño barrilito al cual se le coloca agua y un polvo cervecero -llamémoslo de esta forma, porqué no- y que tras poco más de una semana de espera dará como resultado algo así como una cerveza.

La máquina de cerveza viene en cuatro modelos, los aparatos son de tamaño grande y mediano, y cada uno tiene además su versión portatil, que le posibilitará al consumidor fabricar su cerveza e irse de pic nic con la maquinita a cuestas. Como dice el slogan, hasta usted puede disfrutar creando una cerveza de alto nivel con su propia Beer Machine.
Y la parte que lo hará sonreír cada vez que vaya a la heladera tiene que ver con que el proceso es veloz -un tercio del tiempo convencional- y los costos muy bajos.
Pero veamos de qué se trata el asunto. Dicen los vendedores que lo que antes era un largo, complicado y sudoroso camino lleno de obstáculos hasta la obtención de la cerveza, gracias a esta bendita máquina ha quedado todo reducido a tres etapas:

   1. Se coloca el agua dentro de la Beer Machine.
   2. Se vierte dentro uno de los sobres de polvo preelaborado de cerveza.
   3. Se sella la máquina dejando reposar el contenido durante diez días. Y ya está.

Si a esta altura de la nota los cerveceros artesanales y los grandes maestros industriales se están clavando puñales en el pecho, pedimos disculpas.

Pero el mundo de la cerveza tiene mucho más para ofrecer en la rama de la ciencia. Allí están también los posavasos inteligentes desarrollados por los estudiantes estadounidenses -de allí parece venir todo lo nuevo- Robert Doerr y Matthias Hahnen, quienes diseñaron este elemento revolucionario. El posavasos en cuestión enciende una luz situada tras la barra del bar en el momento en el que el vaso empieza a vaciarse. Se trata de un platillo de plástico de dos centímetros de grosor rodeado por un anillo negro. En la cara superior del posavasos se encuentra imperceptible una balanza que trasmite el peso exacto del vaso a través de unos sensores. Cuando el peso es inferior al que se ha estipulado para la bebida en cuestión, los sensores emiten una señal de radio para que el mozo esté atento y recargue el contenido.

Y si no, también hallamos la etiqueta inteligente, un dispositivo electrónico mediante el cual se detecta si la temperatura de la cerveza en la botella es la adecuada; y la lata autorrefrigerante, un recipiente que puede enfriar su contenido hasta 1,11 grados centígrados en apenas 3 minutos, con sólo girar un dispositivo instalado en su base.

¿De qué la querés?

Hay otros, en cambio, que decidieron experimentar en el terreno de los insumos. Cambiar los elementos, elaborar cerveza con otras materias primas. De allí surgió, por ejemplo, la cerveza de tomate fabricada en Japón por Echigo Beer. Tomato Bibere combina el sabor dulce del tomate con el gusto amargo del lúpulo. Un tomate es usado en la producción cada 330 mililitros de cerveza roja. El maestro cervecero apuntó a hacer un trago sano ya que todos sus ingredientes son orgánicos. Pero debido a que los tomates son fibrosos y tienen un bajo contenido de azúcar, la filtración y fermentación es realmente dificultosa.

Y en Barcelona, una famosa chocolatería salió al ruedo con su cerveza de chocolate, algo que todavía no nos animamos a probar. Las últimas píldoras de heterodoxia tal vez tengan que ver con la cerveza de leche que el francés Marcel Besnard elabora en la campiña gala, o la versión fabricada con viagra, vendida para noches de alto voltaje.

Rarezas no faltan en el mundo de la cerveza, como ya se ha visto, pero si usted prueba algunas de estas versiones y luego lo ataca la culpa por haber traicionado a la vieja bebida hecha a base de lúpulo y maltas mediante ancestrales procesos de elaboración, no se preocupe. Puede canalizar sus penas en la Iglesia de la Cerveza (Beer Church), con sede en Estados Unidos, pero que también realiza asistencia electrónica. ¡Salud!!!!

Un Comentario

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  1. Tengo un botellin de Amstel que me ha salido en un pak y tiene la chapa de Cruzcampo. Le puede interesar a algún coleccionsta? Por supuesto que esta sin estrenar!

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