Cerveza Quilmes cumple 130 años y en el marco de la celebración, charlamos con el maestro cervecero (¿y actor?), Luis Dimotta, quien ya es parte de la rica historia de la marca con sus 30 años en la compañía.
No es la primera vez que disfrutamos de la sencillez y calidez de Dimotta, pero sí es la primera ocasión que lo hacemos de manera virtual.
Mundo Cerveza: ¿Qué imaginabas o pensabas de la empresa antes de ingresar? Y una vez adentro, ¿era lo que imaginabas?
Luis Dimotta: Yo quería ser Licenciado en Química y había empezado a estudiar, pero tuve varios problemas personales. Además, en esa época me casé, mi esposa estaba embarazada de nuestro segundo hijo. Yo había incursionado en el mundo frigorífico, que en esa época estaba bastante complicado. En un momento apareció la posibilidad de trabajar en Quilmes (aclara que había dejado CV en todos lados) porque se estaba abriendo la cervecería de Zárate.
La verdad es que en esa época no tomaba cerveza. Tenía unos 30 años. Pero Quilmes era una gran empresa y decidí ingresar. Nos mudamos a Zarate. Y me encontré con una empresa mucho más grande lo que imaginaba, encontré un mundo nuevo. De hecho enseguida me sugirieron que me ponga a estudiar y eso hice porque una vez que estabas ahí una de las cosas que querías ser era cervecero. El cervecero como la imagen más importante de una cervecería.
Luego de terminar la carrera me enviaron a España a hacer el máster cervecero y ahí cambió mi vida. Estuve en Corrientes, en Mendoza, volvì a la Central y luego fui a Tres Arroyos, y después volví. A toda mi familia le cambió la vida, de hecho mi hija nació en Zárate y el tercer hijo en Corrientes. Todos mis hijos están orgullosos de que su padre trabaje en Quilmes y yo muy agradecido a esta compañía que me ha permitido formarme profesionalmente. Tengo un agradecimiento eterno.
MC: ¿Qué significa la marca Quilmes para vos?
LD: A veces no nos damos cuenta de lo grande que es, de lo mucho que significa. Quilmes es historia. Imaginate 1890. Es mucho tiempo. Tiene los colores de Argentina. Está relacionada con grandes y buenos momentos históricos. Publicidades que quedaron grabadas en la memoria de todo el país por generaciones. Siempre estuvo presente y no sólo con la marca de cerveza sino en el agro para producir cebada, para producir lúpulo, en la fabricación de tapitas. Es algo tan integral que está en el ser argentino. Tiene mucho de argentinidad Quilmes.
MC: ¿Qué sobrevuela en la compañía del espíritu o el legado de Otto Bemberg?
LD: Lo que sobrevuela son las ganas y la fuerza de querer siempre ir por más, de mejorar siempre. Entre el ‘90 y el ‘95 se cambiaron todas las salas de cocimiento. Siempre tratando de mejorar la tecnología. Es una empresa que nunca se quedó en algo estanco. Si ves la historia de Otto Bemberg, hacía eso, siempre iba por más: Primero la malteria, luego fue por la cebada, siempre evolucionando. Y cuando Bemberg no estuvo más, la empresa siguió el mismo camino la misma idea. Eso le quedó a la compañía como parte de su ADN.
Yo creo que si hoy Otto Bemberg tomara nuestra cerveza clásica diría que su legado está ahí porque hemos tenido que hacer mucho para que Clásica sea realmente la cerveza preferida. Creo que en la marca y la evolución está el espíritu de Don Otto.
MC: En medio de la celebración de los 130 años, ¿qué hitos, qué momentos vienen a tu mente luego de tantos años como parte de la historia de la empresa?
LD: (Suspiro profundo y sostenido) En lo personal el nacimiento de mi hija cuando recién empezaba y el hecho de ser profesional, algo que para mí siempre era una deuda. Quilmes me incentivó a que lo sea y estoy muy agradecido por eso, entre tantas otras cosas.
Desde lo profesional hay muchísimos: viajar a España seis meses para estudiar, haber participado, por ejemplo, hace poco en la creación de La Pinta de la Paz, en trabajar en el cambio de la Quilmes Clásica, haber iniciado diferentes cervecerías de la empresa, el trabajar en Corrientes, Mendoza y Tres Arroyos con su gente, las reuniones en distintos países y el perfeccionamiento. Son muchas cosas vividas.
MC: ¿Cuándo sentiste que dejó de ser tu trabajo para pasar a ser parte de tu vida tu familia?
LD: Creo que fue desde el inicio mismo, aunque uno tiene miedo al empezar un trabajo, porque siempre me sentí a gusto. Pero creo que en el momento en que me nombraron para ser cervecero lo sentí aún más porque pasé a ser parte de lo que realmente quería.
Me acuerdo de la primera reunión con los cerveceros que iban a ser nuestros jefes en Zárate. Estábamos todos los supervisores y Oscar Bauman, uno de los cerveceros que iba a ser nuestro jefe, se levantó y nos dijo “uno de ustedes va a ser cervecero”. Yo sentí que me miraba a mí. Y de hecho, de ese grupo, fui el único que fue cervecero. Y desde el momento en que me hice cervecero creo que sentí verdaderamente que ya no era una relación laboral sino que me sentía parte y dueño de lo que estaba haciendo.
MC: La camiseta de Quilmes, más que puesta estaba tatuada.
LD: (Sonríe) Sí, sentía eso. Fue en Corrientes. Ahí fue la primera vez que era totalmente responsable del producto final.
MC: Haciendo un ejercicio de imaginación. ¿Cómo serán los próximos 130 años de Quilmes?
LD: Creo que cada vez más será protagonista la tecnología. El toque personal del maestro cervecero, por ejemplo, estará más en lo previo, en el diseño de qué cerveza hacer, en la planificación. Habrá cada vez más variedad, más estilos, pero sin dudas Quilmes seguirá estando porque está muy arraigada.
MC: ¿Cómo vas a festejar este particular aniversario?
LD: Con una Clásica en mano, por supuesto.
MC: ¿La veta actoral ya estaba o Quilmes hizo surgir al actor (actuó es varias de las publicidades de los últimos años)?
LD: (Risas) Fijate todas las cosas que hago por Quilmes, hasta tuve que actuar. Siempre fue natural. Me filaban a mí tal cual soy. Fue hacerlo con lo que sentía. Está bueno hacerlo.








