La cerveza llegó para quedarse
La sociedad, en su permanente dinamismo, se apropia y desecha usos y costumbres. Modas, pasiones tan fulgurantes como pasajeras suelen ir sembrando la vida del hombre, aunque algunas de ellas estén llamadas a perdurar. La cerveza, claro está, es una de ellas. Ni hace falta remontarse a sus orígenes, allá en las márgenes de los ríos Tigris y Eufrates, en la mítica Mesopotamia. Estamos hablando de algo mucho más cotidiano, en Argentina, a la vuelta de la esquina.
La cerveza, en todas sus formas posibles -industrial, artesanal, en botella, en lata, nacional, regional o importada- golpeó a las puertas del hogar, entró y se puso cómoda. Está sobre la mesa cuando se junta la familia o vienen amigos, espera fría en la heladera antes del partido, participa de casamientos, bautismos y comuniones. Nada de nuestras vidas le resulta ajeno.
Como bebida generadora de encuentros, la cerveza ha pasado a cumplir un rol social trascendente, una linda excusa para juntarse. En la vereda, sentados en el escalón de alguna casa antigua, en el bar de la esquina, en la confitería paqueta, en la cervecería irlandesa o el almacén de barrio, siempre está ahí para ser el eje de las más diversas charlas. Y como buena anfitriona, muchas veces hasta sabe pasar inadvertida.
Claro está, esta evolución de la cerveza en la sociedad argentina se encuentra documentada en números cuyo rigor nos permite despejar cualquier duda. Basta decir que por la década del 60, allá cuando el idealismo era moneda corriente y sonaba el club del clan, el promedio era de 10,8 litros por persona. Muchas cosas pasaron desde entonces hasta llegar a la actualidad, adonde se estima que el consumo per cápita es de 32 litros.
Creció, y mucho, aunque aún está bastante lejos de lo que se consume en otras partes. Y acá bien valen los ejemplos. Los punteros en esto de tomar cerveza son los checos, quienes beben un promedio de 158,1 litros por año, por persona. Los escoltan los alemanes, con 123,1; el Reino Unido, con 97,1; Estados Unidos, 83,1; México, 48,6; y Brasil, 46,7.
Visto desde este ángulo, Argentina aún está en pañales y queda mucho por hacer para alcanzar a los líderes.La estadística, aburrida por momentos, nos sirve para tener un panorama perfecto de la relación entre nuestra sociedad y la cerveza. Algo así como las últimas pinceladas de la pintura perfecta.
En lo que hace al consumo global, quienes encabezan la lista son los estadounidenses, con 16,40%, seguidos por China con 14,30%; Alemania, 7,30%; Brasil, 5,80%; y Reino Unido, 4,10%. Sin lugar a dudas esto va de la mano de la producción, donde la ubicación de las naciones ocupa la misma posición. Es decir que Estados Unidos produce el 17% de la cerveza mundial, mientras que China fabrica el 12%; Alemania, 9%; Brasil y Japón, 7%. No hay datos sobre el Reino Unido de Gran Bretaña, pero sí de Argentina, adonde se realiza tan sólo el 1% de la cerveza mundial. Producir, vender y tomar son tres aspectos del mundo de la cerveza. En el ámbito de las relaciones comerciales también saltan a la vista el talento de algunas naciones para colocar sus productos en el mercado global, y la incapacidad de otros para atender el consumo interno. El volumen de cerveza que se comercializa es de 48 millones de hectolitros por año, y de este barril el principal exportador es Holanda, con 12 millones de hectolitros.
A Estados Unidos, líder en la producción mundial, la demanda lo sobrepasa. Tal es así que se ha transformado en el principal importador, abarcando el 25% de las compras del mercado. En la fila de los que tienen que comprar afuera para saciar la sed de sus ciudadanos están el Reino Unido, Italia, Francia y Alemania, con porcentajes menores.
Los años 90 fueron un disparador del consumo y la producción en lo que se denomina mercados emergentes, es decir, zonas del planeta caracterizadas tradicionalmente por haber sido sitios postergados y que súbitamente -merced a inversiones internacionales- comenzaron a crecer como nunca antes lo habían hecho.
En lo que hace a la cerveza, Asia se lleva todos los premios. Este continente se expandió en un 155% en el mercado de la fabricación y venta, mientras que Sudamérica subió un 74%, número que a la sombra de los primeros parece pequeño, pero que resulta igualmente significativo. Y todo esto de números, crecimiento, producción global y consumo nos lleva, como en los laberintos borgeanos, al sitio de donde partimos.
A la cerveza en la mesa hogareña, al bar con los amigos, a la reunión y el disfrute. A las nacionales, importadas, artesanales o industriales, que las hay de todo tipo y a gusto de cada quien. Sólo es cuestión de pedirla, destaparla y empinar el vaso…o el pico.